domingo, 10 de agosto de 2014

EL DIARIO DE FER CAPITULO 17



CAPITULO 17
“LA FIESTA”
Llegue a España con ganas de ver a Erick quería contarle todas las cosas grandiosas que hice en México, pero tenía que esperar hasta el día siguiente, mis papas estaban emocionados con mi regreso, así que me dormí hasta tarde platicando con ellos.
Al día siguiente, lo primero que hice fue tomar el celular y llamarle, unas cuantas horas pasaron para que llegara corriendo a mi casa, al parecer también me extrañaba, a pesar de que empezamos un poco mal, entre nosotros se había formado una bonita amistad.


Comenze a mostrarle las fotos, mientras le contaba la historia detrás de cada una; sí que te la pasaste bien− dijo, de repente apareció una foto de Alonso que traía una dedicatoria, comencé a leer;
−con cariño Alonso−mientras una sonrisa se dibujó en mi rostro.
−ya veo que no perdiste el tiempo en tu viaje – comento Erick.
−es mi primo, debió haberme pasado esa foto sin que me diera cuenta.
−pues que sexi tu primo y ¿que se supone que trata de insinuar dejándote una foto en poca ropa?
Desde que éramos amigos, habíamos prometido no guardarnos secretos, así que decidí contarle todo lo que había pasado entre nosotros, el quedo impactado, yo era un chico muy tímido así que nunca pensó que pudiera llegar a hacer todo eso.
Pasamos el día juntos, encerrados en mi cuarto, saliendo ocasionalmente para comer u otra cosa, charlamos por horas, casi hasta el anochecer cuando se tuvo que ir, aunque al otro día nos veríamos en la escuela de nuevo.
Amaneció,  Papa me llevo en su auto a clases,  moría por ver a Raúl de nuevo, a pesar de tratar de estar alejado lo más posible de él, me conformaba con verlo, aunque sea de lejos.
Algunas cosas habían cambiado, María José, estaba en otro salón, Raúl se juntaba más con Cristian, al parecer ya eran muy buenos amigos, me había sustituido rápidamente, ese día uno de mis compañeros de clases tenia organizada una fiesta de regreso a clases a la cual todos estábamos invitados, Erick tomo nuestras entradas para irnos juntos.
 Había extrañado tanto a Raúl, me sentía tan solo, me parecía ser incapaz se querer a otra persona mientras lo tuviera cerca, se había metido tan adentro de mi corazón que no hay nadie como el que pueda hacer que todo esto que siento cambie.
No quitaba mi vista de él y podía sentir la suya sobre mí, la clase me pareció extrañamente corta, las horas avanzaros tan rápido, sin que ninguno de los dos cruzáramos ni una sola palabra.
La noche callo, el cielo lleno de estrellas yo vestido casual listo para la fiesta sentado fuera de mi casa esperando que pasaran por mí. Unos cuantos minutos de soledad después por fin llego Erick;
−te ves espectacular esta noche−dijo mientras me saludaba con un beso en la mejilla.
−gracias−conteste sonrojado−pero sabes que no me gusta que me beses, mis papas podrían vernos.
−claro, lo olvide, ¿listo para irnos?
Caminamos juntos, hasta llegar a la casa, la música se escuchaba a una cuadra de distancia, entramos, estaba un poco oscuro, el anfitrión salió a recibirnos;
−pensé que ya no vendrían, eran los únicos que faltaban, bienvenidos, podrán encontrar algo de tomar de aquel lado y si más tarde se les antoja otra cosa, subiendo las escaleras están los cuartos pillines…
−vale, gracias−conteste un poco sacado de onda− ¿acaso insinuó que me andas tirando?
−eso creo−contesto Erick mientras se reía.
La noche avanzo, las botellas fueron acabando una a una, la sala de aquella pequeña casa estaba convertida en un verdadero antro, no me había divertido tanto desde hace mucho tiempo.
Baile como nunca aunque más tarde ya no aguantara los pies así que decidí irme a sentar afuera de la casa para que me diera el aire, no podía llegar en ese estado de ebriedad a mi casa, mis papas me matarían, antes de salir busque a Erick que había ido por algo de beber pero no lo encontré.
Salí y me quede solo sobre la banqueta, todo me daba vueltas, tenía ganas de vomitar, creo que me había excedido  con el alcohol.


−hola ¿estás bien?− una voz detrás de mí que se me hacía muy conocida, sin voltear conteste.
−sí, solo estoy tomando algo de aire.
Entonces, camino hacia mi lado y se sentó, era Raúl, mi corazón empezó a latir, sentía que se saldría de mi pecho.
−hola Raúl−dije mientras trataba de levantarme.
− ¿podemos platicar? O me vas a dejar solo otra vez.
−no, está bien.
−dime, porque lo haces, porque me evitas, ¿te hice algo? Si es así perdóname.
No sabía que contestarle, el alcohol me daba el valor para confesarle mi amor, pero aun así no era suficiente.
−no es eso, simplemente… −interrumpió y dijo− es el verdad, tu noviecito te prohibió que me hablaras.
− ¿Cuál novio? Estás loco−conteste rápidamente.
−me vas a negar que entre tú y el estúpido de Erick ahí algo.
−sabes que déjame en paz− me levante.
−Fer, espera−mientras me tomaba del brazo, lo voltee a ver y le dije que me soltara, lo hizo, seguí caminando hacia dentro de la fiesta, encontré a Erick y le dije que nos fuéramos.
− ¿Qué te pasa? Te noto como enojado, paso algo en la fiesta que no me hayas contado−dijo mientras caminábamos de regreso a casa.
−no, todo está bien− conteste, era la primera vez que le escondía algo, pero no estaba seguro si aquello había sido una escena de celos impulsada por el alcohol o un reclamo provocado por el mismo.
Aquella noche por más que trataba de conciliar el sueño no lo lograba, tuve en mis manos la oportunidad de decirle a Raúl todo lo que sentía por él y la desperdicie, tal vez era mejor así.




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jueves, 7 de agosto de 2014

EL DIARIO DE FER CAPITULO 16



CAPITULO 16
“LA DESPEDIDA”
El día siguiente, nos levantamos tarde, en el desayuno, quedamos de pasar el día sin Alonso, que saldría con diana, para despedirse, pero antes, iríamos de compras, dejaríamos todo preparado para poder salir de regreso al DF el martes por la mañana.
Habíamos quedado de hacer las compras para poder llevar lo que se nos diera la gana, mientras iba empujando el carrito, me llevo al departamento de farmacia y pidió que buscara unos condones, yo lo mire asombrado, sin saber qué hacer, me acerque a él  y le susurre al oído; no iba a pedir que usaras condón para que me follaras, él se asombró aún más y contesto; los condones son para usarlos con diana, yo me puse rojo, me dio muchísima vergüenza, Alonso me miro, sonrió y dijo; si quieres que te folle sin condón, lo hare.

Mientras regresábamos en el coche, no me atreví a decir nada, Alonso conducía, nos quedamos en el estacionamiento un momento, al final me miro y dijo;
−si quieres que estemos juntos, lo hacemos, mira, tengo reservado un cuarto, diana se tiene que ir temprano, así que tenemos unas cuantas horas para nosotros.
−pero es que no sé si es lo que quiero−conteste.
−claro que lo quieres−puso su mano en mi paquete−esto te delata.
Él tenía razón, yo estaba tremendamente caliente, llevaba todo el camino empalmado y no podía ocultar el bulto que se formaba en mi jeans oscuro, comenzó a desabrochármelo, no llevaba bóxer, tomo mi pene y empezó a jalármela, recosté el asiento, cerré los ojos, disfrute como nunca lo había hecho, pensé el avisarle cuando fuera a correrme, para no mancharme, pero justo cuando estaba a punto de venirme, sonó el celular de Alonso, los dos nos pusimos nerviosos y toda mi leche salió disparada hacia mi camiseta, cuando termine de correrme contesto, era mi tío que preguntaba por nosotros, cuando colgó, miro mi camiseta y se echó a reír, salimos del auto, y caminamos hacia dentro del hotel, para disimular me la había quitado y la puse dentro del cesto de la ropa sucia, mientras Alonso sacaba las cosas del mandado, los demás estaban en la playa, cuando terminamos de ordenar todo, fui a ponerme un short y baje hasta donde se encontraba Octavio, Alonso a su cita con diana, pero antes de salir me tomo y me dio un beso en la boca.
Era el último día en Cancún, mi tío Guillermo estaba recostado en la arena de la playa, mientras nosotros disfrutábamos el mar por última vez, más tarde sonó mi celular, regrese a la orilla.





− ¿bueno?−conteste.
−Fer, soy Alonso, te llamo para avisarte que diana ya se fue, te estoy esperando en el cuarto.
−no iré, no estoy preparado para esto, discúlpame.
Quedo en silencio por un minuto y colgó, esa noche esperando que llegara en el cuarto, no sabía cómo disculparme, me moría de pena, nunca debí haberme metido con mi propio primo, ahora veía las cosas claras.
Se abrió la puerta, entro, me miro y se metió al baño, minutos más tarde salió, yo estaba acostado en la cama, se acomodó a un lado mío, me di la vuelta, mire sus ojos que se dirigían a mí fijamente.
− ¿Qué fue lo que paso esta tarde?−pregunto




−no quiero equivocarme, no quiero que esta relación tan bonita que formamos, se eche a perder por tratar de ser algo más, somos primos, date cuenta que lo que hacemos no está bien.
−lo sé, pero dime, como poder no enamorarme de ti, Fer si desde el primer momento en que te vi, supiste como entrar a mi corazón.
−sabes, soy un patético, te he mentido todo el tiempo, nada de lo que te he dicho de mi vida en España es verdad, estoy enamorado de mi mejor amigo y desde hace tiempo le doy alas a Erick el único chico que ha estado a mi lado, pero lo que más quiero es ser feliz sin lastimar a nadie.
−si pudiera irme contigo, te juro que nadie te haría daño.
−no es tan sencillo, como decirlo.
Esa noche dormimos abrazados, dejando que ese cariño que había entre nosotros hablara por sí solo, a la mañana siguiente tomamos el vuelo de regreso, llegando a casa, mi prima salió a recibirnos, dijo que me había extrañado. La última semana en México se pasó muy rápida, entre salidas familiares y las que hacía con Alonso, inevitablemente el sábado llego, la despedida fue muy emotiva, había formado una gran relación con los chicos, no tenía hermanos y ellos habían llenado ese espacio vacío en mi corazón.
En el aeropuerto, antes de tomar mi avión, tocaba decirle adiós al chico que había echo de estas últimas cuatro semanas, las mejores vacaciones que nunca había tenido.
− gracias por todo, te voy a extrañar mucho−dije mientras lo abrazaba.
−yo igual, prometo visitarte vale−se acercó, susurrando a mi oído dijo−te quiero−
Me separe de él, di la vuelta y comencé a caminar, no quería voltear a verlo, no podría aguantarlo. Me pare a lo lejos y me despedí moviendo el brazo.



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